Los músicos y productos musicales chilenos están a punto de lograr una cuota del 20% para la música nacional en emisoras de nuestro país. Ese cuerpo legal surge de la convicción que tales obras artísticas contribuyen al desarrollo artístico y cultural de Chile, así como a estimular una sociedad más plural, creativa y democrática. He llegado a la convicción que ese mismo mecanismo puede contribuir al dar un nuevo impulso al cine chileno actual.
Para entender aquello, debemos consignar que la industria cinematográfica norteamericana tiene un sistema muy particular para vender sus productos. Hacen las películas, las distribuyen y las exhiben. Todo muy bien manejado a nivel mundial, lo cual incluye a este pequeño país llamado Chile.
En efecto, cuando un realizador local quiere poner su película en exhibición en algunas de las cadenas existentes en el país (Hoyts, Cinemark, Movieland, etc.) tiene que esperar una larga cola de estrenos gringos que tienen copada la cartelera. Y casi siempre se nos dan fechas de pantalla muy malas, afinales o inicios de año. Así, un cineasta chileno no puede elegir realmente la fecha de estreno de su película, sino que en los hechos le es impuesta bajo el argumento que existiría una gran lista de espera.
Lo increíble es que cuando uno comienza a conocer el negocio se entera de algo que es un secreto a voces: las grandes casas productoras norteamericanas, realizan un sinnúmero de películas para “llenar pantalla”. Películas que serán fracasos de taquilla e ingresos, pero que impiden el acceso de buenos filmes de bajo presupuesto y les permiten anualmente que con solo dos grandes éxitos de taquilla (“blockbusters”) cumplan con las tasas de ganancia que necesitan. O sea, esas películas que nos les dan ganancias existen solamente para no dejar entrar al negocio las cinematografías locales y que puedan competir en igualdad de condiciones con el aparataje de este monstruo negocio.
¿Cómo se explican ustedes que nosotros en América Latina no veamos cine argentino, peruano, colombiano o brasilero? ¿Creen que sólo es por que es un cine “malo” o porque el sistema esta diseñado para que esto no ocurra? En ese contexto, Chile es el único país de Latinoamérica que aun no tiene “cuota de pantalla” para sus películas. Esta cuota apunta tanto a incentivar la producción cinematográfica nacional, como a -lo más importante- crear nuevos públicos con una cultura audiovisual abierta, diversa y crítica. El Estado regula la explotación comercial cinematográfica y exige a los distribuidores de las grandes cadenas y a la televisión publica a exhibir cine nacional. Bajo esta modalidad se han financiado las incipientes industrias del cine argentino y brasilero, por ejemplo.
Asumir esta modalidad de apoyo al cine chileno es también una forma de avanzar en la cooperación e integración cultural latinoamericana. Ello favorece coproducciones entre los países, ya que se puede ofrecer algo al coproductor. Incluso, si una productora chilena hace un film en régimen de coproducción con una productora colombiana, tiene algo que ofrecer en ese negocio, ya que teniendo cuota de pantalla se puede ceder lo que te corresponde y de esa manera estrenar en Colombia y en Chile. Más aún, con esta cuota de pantalla podemos comenzar a ver nuestro cine de habla hispana; y podemos ampliar nuestro mercado potencial de espectadores al exhibir en todo el continente. Hoy somos cinematografías aisladas, atomizadas, disgregadas, con bajos niveles de comunicación entre sí. Ello ha sido posible por estrategias explícitas de la Motion Picture Association of América (MPAA), entidad monopólica de la distribución y exhibición en Latinoamérica con más del 83% del mercado cinematográfico regional.
Por todo lo anterior, sólo me queda por decir: ¡quiero mi cuota de pantalla, ahora!.